LIBROS

CALLE BLANCA

Autora: María Paula Mones Ruiz
Edición Artesanal, Taller de Libros “A mano armada”, El Bolsón
2° Edición
78 páginas
ISBN 978-987-23149-0-3

Presentación

Bar Bartolomeo, CABA | 2006

Se refirieron a la obra, Ana María Guillot, Kelly Gavinoser y
Rosa María Sobrón.
La lectura de poemas estuvo a cargo de Susana Fernández Sachaos.
Coordinación musical: Roberto Segret (cellista).

Palabras DE LOS PRESENTADORES

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Atravesando el frío filo.
Atravesando la necia enfermedad.
En la espera muerta de un instante vacío,
afuera, la belleza parece imposible.
El humo del fuego que me protege sube entre la nieve,
atardeciendo la sombra de los días.
Ni tanto río ni tanto espanto.
Así es la vida, sólo un canto.
Hoy lágrimas que vuelcan a risa
tantos rostros…
Tanto ríes y tanto espantas.
Entre luminosos rincones,
Calle blanca

Rubén Baccá,
Invierno 2006

En este libro hay un vuelo, o un deseo de vuelo: luciérnagas, mariposas, plumas, pájaros. Elementos volátiles y aéreos que se polarizan con un ámbito terrestre en donde, muchas veces, asoma el dolor. Y su raíz se inserta alrededor de la tradición platónica, al insistir en la cosmovisión de un universo ideal; es decir, un universo que proviene de la Idea y que la manifiesta en los reflejos devenidos de la misma. Intuitiva percepción de que la verdadera realidad no es esta cotidianeidad imperiosa e inmanente, sino que esto es apenas (y nada menos) que la emanación de cierta sagrada permanencia. Aquello que podemos llamar dios, o verdades superiores, o nirvana si acercamos la concepción a Oriente. Y, aún más, se podría entrever una cierta interpretación dualista (neoplatónica), en la medida en que el dolor se instala en el cuerpo y lo perturba, como si éste se configurara en la cárcel del alma. Dice la autora:”cuerpo indefenso, frágil y cargado” ; o “pesada fragilidad”.La calle blanca que titula el ejemplar, bellamente armado por su hijo como un regalo que suma afectividad, hace pensar también en un corredor, o en un sendero de tránsito. Tal vez entre la tierra y el vuelo, o entre un estado del ser y el próximo. De oruga a mariposa. Y
aún más: oruga y mariposa, intermitente “instante de seda”, sin solución de continuidad, ya que es tan posible espejar lo supremo como, al momento siguiente, cabalgar la sombra sin atenuantes. De la misma manera en que podemos nacer y morir alternativamente, una o varias vidas, buscando entre los escombros el propio recuerdo. Hay un deseo de vuelo, entonces; un anhelo de ser parte del Banquete, ágape magnífico que se presiente, pero del que la autora se siente excluida a veces: “Banquete ideal./ Inteligencia en la piel./ Platónica crueldad.” Y, vuelta a Platón cuando, además, resignada concluye: “…soy apenas eco, eco del brillo callado de la Idea”.

En este libro hay, pues, una búsqueda. Todo él es un espacio en transición, en el que los colores imprimen una interesante paleta. Dijo “calle blanca” pero, también, garganta blanca, sábana blanca, madre blanca, oxígeno blanco, ojos blancos; en la prevalescencia de un color neto y puntual. Dice: “en la piel del azul y en el pasaje/ de la mente a la luz/ de la luz a la caricia” (cita sobre la que voy a insistir más adelante). Dice:
“Y se convierte el azul en una flor gigante…” Dice: “Ojos que tocan verdes estrellas”.

Este libro parece una pintura en la que priman las imágenes visuales, siempre susceptibles de ser leídas, además, desde su acerbo simbólico. Blanco como la mortaja, o como la pureza. O como ambos. En ese fluir de estado en estado, María Paula titula Tengo los colores básicos a su primer poema. Y abre la tela. Virginal y plástica en su paisaje.”Nido de agua, láctea luz”, “la luz reveladora de mi nacimiento”, “el latido lenguaje de La luz” Luz por antonomasia. Reafirmación de la mirada platónica. Concepción expresada por Calderón en su vida, que es sueño. ¿Sueño como promesa, como deseo a cumplir y esperanza?, ¿o sueño como adormecimiento, como conciencia latente que no llega a comulgar con el banquete, que no asciende hasta donde podría? Ambas respuestas son posibles, y asoman en sus versos con diferentes matices: “Vivir su sueño, antes y después/ de la muerte”, o “yo… sueño que no peso” . La poeta se duele de su condición humana pero sabe, también, que justamente en esa herida cardinal (como ella misma la nombra) está el punto de encuentro con lo más sublime de su ser y con la Mente divina, que ya ha llamado Luz antes. Y fluye desde esa doliente humanidad hacia el éxtasis contemplativo que conlleva, a su vez, hasta la creación.
“Luz…condición y atributo del espejo” Por eso es que, también a veces, siente la vida como una representación, al estilo shakespeariano de Hamlet o Enrique IV. Y se siente, a la vez, autora omnisciente, demiurgo que puede decidir sobre las leyes de la causa o del azar: “Siento que sólo me recuerdo, me ilumino y/ coloreo,/ si mato a mi libreto/ y a mi personaje”. María Paula es, a veces, optimista y esperanzada; otras veces, habla desde el escepticismo, cuando es la fuente la que se ha secado o ella ya no espera nada de esa fuente. Oscilaba entre los estados del ser; oscila ahora entre los estados de ánimo, y queda adscripta a la simulación de fantasear que vive resucitando su tiempo, devorando sus muertes.
“Intermitencia resultante de enhebrar como un/ pez/ el oxígeno genuino de un suspiro, mar adentro/ de mi mente”. Odisea, a decir de su poema Horizontes y Huellas. Un viaje, un corredor. Una latencia en la que no excluye lo social: “…creo escuchar, del hambre, los sonidos …desfallezco en esa extraña calle también en el poema Caras de piedra y migajas: “Estamos ciegos bajo el mismo cielo del/ mendigo./ El mendigo nos encandila”. Mujer sensible y reflexiva, alumbra la palabra con la intuición y nada aguas de aparente incertidumbre mientras describe la secuencia vital. Aunque se le adivina, en paralelo, la callada certeza de que, más atrás del velo (¿blanco?) hay una Realidad escrita en letras mayúsculas y portadora del don: “de la mente a la luz y de la luz a la caricia” escribió; como podríamos también decir: del discurrir al saber y del saber al amor, claramente situados ya en una metafísica trascendente.

Creo que cuando se presenta un libro hay que hablar de la autora y del libro. Pero en este primer momento voy a ser transgresora, voy a hacer lo que no debo, que es hablar de mí, si no puedo hablar de la autora y del libro. La lectura de este libro me conectó profundamente con Paula. Es un puente entre Paula, su primer libro, ¡Piedra, papel o poema! y éste. Y siento que los puentes son muy importantes. Estamos viviendo sin puentes o estamos viviendo con puentes rotos o puentes que no existen. Y qué importante es que existan. Cuando un poeta escribe y, en este caso Paula, y publica un libro y un libro como éste, en donde ya hay un puente anterior que es su hijo, su poema, ese trazo interior tan fuerte y tan profundo fue también uno de los puentes que tuvo que ver con mi lectura. A cada paso sentía que iban creciendo puentes y puentes que intéticamente puedo decir que, tienen que ver con la poesía universal y con la universalidad de la poesía, con el ser poeta, con eso que recién escuché, que se llama búsqueda. Y la búsqueda no sólo es la búsqueda del sí mismo, sino la búsqueda del ser con nosotros y del ser en nosotros. Incluso esa búsqueda que a veces tiene pausas geográficas, pausas físicas, pausas en el tiempo. Pero el puente está. Y no puedo decir que en este libro no haya habido un solo poema en donde el puente no existió. ¿Por qué? Porque sentí la presencia de ese universo propio y ese universo en el universo y a la inversa, el universo en la poeta Paula. Esa
consubstanciación de la búsqueda y del ser interno que va y viene, ese yo poético que se da por ejemplo desde estos versos: “Duele en mi piel el ser de mi poesía y yo le duelo a ella”. Esa ida y vuelta que es esa consubstanciación “escribo y me escribe”… Y luego, ya se ha hablado de los colores, la importancia de los colores y… también la consubstanciación: “Tengo los colores básicos a mano…mirarlos detenidamente y que me miren” “Un beso va volando, un vuelo va besando/ ¡Beso, pájaro, pájaro besado, no te detengas!/
¡Encuéntrame y posa/ tu beso en mi vuelo, tu vuelo en mi beso! Eso que podríamos llamar profundo sentimiento y sensación de Dios en las cosas, de Dios en las cosas con mayúsculas, Dios en la vida, Dios en
la manifestación y a la inversa, la manifestación de lo divino dentro del sí mismo, significa ese puente hacia lo alto y ese puente hacia lo alto significa la esencia de lo poético, de la poiesis en la creación. Y la presencia de los colores, le da el título. No sólo al blanco recurre. Hay otro color que recurre al que llamamos frío y odavía me pregunto qué tiene de frío. Es el azul… e invita hacia arriba…invita hacia arriba. El azul está presente a lo largo de todo el poemario, “Tal vez el azul” “el azul, el comienzo”,” la piel del azul”, “fantasma frio, azul” ,”sangre y azul” , “lograr que ame el azul, la muerte azul, azul sangrando luz”. Aparece la luz en relación al azul, verbos azules, “Y se convierte el azul en una flor gigante, azul nublado, manos azuladas, y mi rostro se vuelve azul nublado”. Y azul en relación con el blanco, en relación con la búsqueda. ¿Qué está también presente en este poemario? El tiempo. No puede existir un poeta sin un tiempo, no puede existir un poeta sin un tiempo en el espacio. El tiempo está presente en todo el poemario, desde todos los tiempos y Paula lo dice, desde los tiempos internos, desde el tiempo eterno, desde el tiempo propio, desde el tiempo de nosotros. Y el tiempo se da con toda la fuerza y creando justamente ese claroscuro con el espacio. Y hablando de claroscuro, todo el poemario es un juego de claroscuro. Es un juego de opuestos que no son contradictorios sino que son complementarios. Comprender el sentido de la complementariedad es bucear en lo profundo del poemario y de la poeta. No hay contradicción entre el acá y el allá, no hay contradicción entre el espacio y el tiempo, entre la muerte y la vida. Y acá tenemos el otro gran tema eterno de la poesía: la muerte. Y la muerte no es tal, la muerte es vida y la vida es volver a nacer después de cada muerte. Esa esencia tan profunda de Paula hace al desprendimiento del cuerpo y de la piel. Es la piel y el cuerpo de Paula, es el camino de la ascensión, el camino de la búsqueda. Desprenderse de la piel es encontrar la piel,
desprenderse del cuerpo es encontrar el cuerpo, es amarlo y valorarlo y perder sobre todo, lo que Paula
con tanta profundidad dice, perder nada más ni nada menos, que el miedo a la muerte. Ésta es la esencia para mí, de la búsqueda de Paula, y esta es la esencia del verdadero amor, de la profundidad del amor en toda su dimensión.
K: Quisiera que Paula también dijera algo sobre lo ya expresado, sobre su libro, su poemario, sobre lo
que quieras. Esto no es una entrevista, no es un mundo de preguntas, hacé lo que quieras.
P: Creo que hablar sobre lo que se dice de mi, se dice de mí, creería que es decir lo que tengo que
decir…y es que cuando otro lee nuestros poemas, me pasa y, creo que a mucha gente le pasa, es que
creo que yo no los escribí, que alguien me lo está leyendo y que es… ¡el otro! Muchas gracias.
K: ¿Continuamos en otro lugar?
P: ¡Sí!

 

Conocí a María Paula a través de un poema.

El libro “Desde la Palabra” de editorial Dunken, cuyo contenido seleccioné, incluye tal poema. Ese fue el disparador de nuestra amistad en la poesía y sobre todo por su calidad humana. Andar la “calle blanca” supone realizar un tránsito donde los colores juegan a las escondidas, entran y salen piensan, ríen y lloran.
Juegos de palabras, originales metáforas, antítesis, oximoron y otros recursos, se deslizan como salidos del alma. Como caminando por esta calle que no podía ser sino “blanca”. para que una luciérnaga “aparezca con la ventana abierta” , cito, ya que el último soplo será el poema. El azul domina en estas páginas, en este corazón transparente, fértil para el dolor y también por la capacidad para sobrellevarlo. Si Paula se viste de harapienta primavera es porque advierte, aunque sea lejanamente, que su vestimenta se tornará jardín, desde el silencio, desde la palabra. Qué es esto, se dirá, de la palabra- silencio. Qué son esos espejos, amigos míos también, donde se refleja la interioridad, muda pero hablante, paradójicamente hablante.

Porque sólo desde ese silencio interior se encuentra el vocablo no dicho, o si lo ha sido, renovado por única vez en el hechizo del poema. Recuerdo en este momento al poeta brasileño Drummond de Andrade ,cuando dice referido a la poesía: “Està aquó dentro/ y no quiere salir./ pero la poesía de este momento / inunda mi vida entera”. El espejo es reflejo luminoso de su interioridad. Todo lo que por momentos parece sólo dolor, se vuelve ternura de sueño esperanzado. Tal vez en la magia de esta bella expresión: “Tengo a mi alma durmiendo la siesta” cito, se ha estado gestando el poema. Hay en estas páginas, signos, es decir señales, rectas, cicatrices, hay tiempo. “El tiempo dado en la palabra poética es el del vivir del hombre en su perenne repetición circular de la vida” nos dice el español José María Valverde. El tiempo cae, se levanta o como dice la autora: “Vivo resucitando mi tiempo”. Ese tiempo, no el cronológico por cierto, sino el subjetivo, corre, hecho llama, fuego, pero es capaz de despuntar en flor, en una calle blanca. Mirar el río hecho de tiempo/ y recordar que el tiempo es otro río /Saber que nos perdemos en el río/ y que los rostros pasan como el agua”. Estas palabras sabias de Jorge Luis Borges se me han venido a la memoria ante el tema que
nace ,vive y resplandece hasta el sufrimiento en el corazón de todos los poetas. El amor despliega sus alas. Sueña “como una mano abierta que tiene pegada una caricia” “Se eleva mi recuerdo y me abraza/ y me
nombra/ y lo beso…viva/ y me besa…el aire” cito. Precisamente el vocablo “aire” que aparece en varias ocasiones, tiene una connotación hasta filosófica. Aire que envuelve, que acaricia, que mata, pero que resucita. Escombros, ventana vacía, pero por ella y para ella “aire salvador”. Para muchos escritores, quizás la vida es similar a un libreto. Paula juega con los personajes de ese libreto, entre los que, por supuesto, está ella misma. Pero juega y juega, hasta ser “la luz de lo innombrable”, cito. Contrariamente a lo que se podría creer, no le importa sólo ella, Mira hacia el mundo y en virtud de la magia y hasta a veces, hechicería de la palabra poética, exclama dadivosamente: “Resucitaron todos los seres del mundo” Y el optimismo aparece : “Me levantaron, formaron un círculo de sol”, cito.
La poeta por momentos entra en sí misma como en un campo desierto. Pero en él, siembra, lucha, canta, bosteza, desaparece. Otra vez el elemento lúdico resplandece en el poemario: Porque amanecer, sembrar, supone fructificar. El fruto es el poema, que es causa de su estar en el mundo. La Palabra, así escrita con mayúscula ,obra el milagro. Por ella se muere, pero también se vive. La fuente y el agua parecen símbolos de su desesperanza. Pero como son elementos de frescura mojan el alma y el léxico escondido está allí: la Palabra salvadora. Dueña de una enorme fantasía puede mezclar luces y danzas , flores marchitas y primaveras/ vestida de amor”. Llegar a un poema tan sólo con verbos, tal es el caso de Verdad unica, supone un riesgo. Los pensamientos danzan por sus pasillos interiores, custodios fieles de la verdad esbozada en búsqueda sin pausa. Otra connotación noble en este poema es su búsqueda de paz universal. Hay cansancio en ese deambular por la “calle blanca”, pero también encuentra el árbol protector. Lunas , estrellas, peces, se anudan creando una siempreviva esperanzada. Será por eso capaz de sobrevivir, por la “calle blanca” del poema.

Debemos señalar su preocupación por el lenguaje .Se advierte sin decirlo y como ella expresa “sólo pronunciable en los labios remadores de este barco único”. La poeta se mimetiza con todo cuanto ve, con todo cuanto piensa, cuanto es posible de crear u alma límpida y su prodigiosa fantasía. Maneja con maestría la oposición cruzada o quiástica, como así también la expresión polar, que toma los elementos extremos o salteados, en lo que tienen de común. El aspecto lúdico de
numerosos poemas, ofrecen retruécanos fuera de lo común. No podríamos finalizar este simple comentario
sin mencionar las palabras de Ruben Baccá, quien con el título de “Presagio, palabras anteriores” , a modo de prólogo, ha celebrado con
verdadero amor filial, el nacimiento de esta nobilísima y bella “Calle blanca”. Releo estas páginas y vuelvo a la página 22, para reencontrarme con estas palabras que me parecen recién leídas: “No sé dónde estoy/ sin embargo puedo continuar y descascarar la nuez del crecimiento eterno”

He aquí el atisbo al fin, de lo trascendente.
Siquiera, Paula, ella te ilumine siempre por la
ruta del Amor, de la Verdad y de la Poesía.

(Registrado como obra inédita)

Poemas

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Duele…
Duele en mi piel el ser
de mi poesía.
Y yo… le duelo a ella.
Escribo.
Me escribe.
Y ella y yo
sangramos letras por el camino
y el camino nos ataja,
desde arriba hacia abajo.
Llegamos a la calle blanca…
Blanqueamos las herida

Decido…
escribir sin la luciérnaga que pulsa
el equilibrio
entre la razón y la musa.
Decido…
escribir con el sólo pulso del
paisaje más próximo
a mi forzado parpadeo.
No quiero
sintonías ni mímesis de sentires.
No quiero
la complicidad del sueño
con el poeta y sus fugas
ni que las alas de mis letras
en sostenido éxtasis me eleven
y hasta el papel se lo crea.
Quiero quedarme acurrucada en mi
costado izquierdo,
a solas con mi piel y mi luciérnaga.
La ventana…abierta, sin mi cielo.
Sólo por esta vez…
Por esta vez sólo quiero:
Mi techo, mis pies y un papel…
sin vuelo…sin sed.

Juegas,
te escondes, te muestras.
Te veo y yo no juego porque
siempre…
siempre te encuentro.
Por lo tanto,
no hace falta que juegues.
Ya sabes… si quiero, pierdo.
Y si no quiero, juego.
Y si no juego, te encuentro.
Te encuentro cuando es más fuerte
tu rival, mi propia muerte.
Ésa que late por dentro…
mi muerte sin alas,
mi juego a que juego… y duelo,
palabra
por
palabra.

Textura mental, cera tibia.
Se deslizan colores, gotas de
instantes
Pincelando esencias.
Viva caricia.
Lágrima que encera
imágenes vividas…arco iris de
estrellas.
Caricia que se escucha y…
es su música
la respiración de la luna
ocupando el lugar
de la ausencia y la palabra…
muda.
Respiración brillante.
Melodía que preludia desprender
gotas de poesía que vive…como
vivo:
encerando…imágenes,
imaginando…brillos.
Sensación divina y escrita
en la piel del azul y en el pasaje
de la mente a la luz,
de la luz a la caricia.

Anochezco, me canto.
Lluevo.
Me rimo, remo.
Me arrimo a mi orilla,
retrocedo, relampagueo, me veo
y…
electrocuto el negro.
Y me quedo fría, pálida de tanto
soplar
el rojo, la ceniza, el silencio.
Bostezo, me trago, desaparezco y
¡no temo! No temo que la luna
me queme las sábanas, los huesos,
porque está muy alta,
porque estoy lloviendo,
porque estoy descalza.
Amanezco, me siembro.
Fructifico.
Brillo, me enciendo y…al fin
¡te devuelvo, te devuelvo!
Me devuelvo.

Ojos… detrás, delante… ojos.
Ojos materia, ojos silencio.
Cuerpo indefenso, frágil y cargado
de ecos de vida borrosos,
descalzos, divididos.
Cuerpo asensorial. Silencio vital.
Silencio herido por el gesto
armado.
Cuerpo doble, sin huesos, sin
nombre.
Cuerpo muerto de vida. Vida de
ojos y silencios.
Silencios que en silencio rompen
el espejo de aire y yo me calzo, y
yo me armo.
Yo me armo, de a poquito,
imagen por imagen, con lo esencial
y derecho… derecho siempre
adelante,
como decía el principito.

…Y cuantos ojos caminen
por las huellas de lo supuestamente
imaginado,
no llegarán ni a la cima ni al
castillo…
Yo…
que escalo y habito y habito y
escalo… vacíos,
piedras, laberintos de nidos,
soy apenas eco, eco del brillo
callado de la Idea.
Soy apenas idea, idea del eco que
ensordece
mi mano peregrina cargada de
palomas.
Soy apenas lo supuestamente
imaginado en cada pluma,
detrás de mi vuelo, detrás de este
instante que
me escala, me habita y
no devora la idea de mi Idea…me
suma.
O, simplemente,
sostiene mi mano,
mi mano peregrina, cargada de
palomas.

Espera del mínimo sonido
pronunciable
en la boca de la piel o la garganta
blanca.
Proceso de significantes últimos.
Nacimiento del fruto criminal
matando
hasta el sonido silencioso de una
lágrima
ahogándose en la sangre.
Palabra…piel…Rojo…agua.
Lenguaje derramado.
Lenguaje de lo íntimo, íntimamente
líquido
y sólo pronunciable,
en los labios remadores de este
barco…
único.

Sé que pides más de mi.
Había llegado a sentir que ya era suficiente…
Suficiente.
Eres el Nombre, el primero. Y me nombras.
Me nombras…me eliges y
yo atravieso
oscuros laberintos dentro de mi centro.
Había llegado a saborear la miel del fruto amargo.
Me diste
herramientas para que me desconociera
y confundiera
todos los celestes.
Elevación. Sabor nuevo.
No sé dónde estoy, sin embargo
puedo continuar y descascarar
la nuez del crecimiento eterno. Yo…
yo te lo agradezco y nunca será suficiente.
Suficiente.
He vuelto.
Me nombras. Me nombro.
Y estoy…
fuera de mi cuerpo.
Y atravieso
laberintos de luz.
Y me pierdo
segura de tu encuentro
Y me encuentro
segura de tu luz,
Celeste.

Desprende húmeda la piel,
húmedos calcos.
Calcos de sensaciones. Colores
despegando vida, pactos.
Sueña el instante
ante la piel pararse frente a frente.
Perpetuarse.
Sueña la piel
desprenderse de la vida y al calco
parecerse.
Yo…
sueño con una mano abierta
que tiene pegada una caricia.
Y acaricio ese sueño con mi mano
dormida.
Y se desprende húmedo y azul,
un calco.
Despierto.
Y se cierra mi mano.
Y se escapa la caricia
despegando pactos.

Soplos de viento infinitos
encienden y apagan mi horizonte
de eternidades nómades.
Intermitencia resultante de enhebrar como un pez
el oxígeno genuino de un suspiro, mar adentro de mi mente…
Desde lo alto, una bolsa etérea…
cae
sobre mis ojos
ahogados y desiertos.
La abro. Y escapa por ella
un viento superior
que me arrastra hasta el adentro de mi afuera,
que me enseña…mi costado verde.
Respiro.
El horizonte me mira.
Me mira con sus ojos inmensos y repletos de
futuros presentes.
He partido para volver desde todos mis tiempos.
He vuelto con la ropa mojada y con mi vida puesta,
pero nueva.
¡Estrellas en la tierra
parpadean la huella de mis eternidades!
Y me quedo…enhebrando como un pez
el oxígeno genuino de un suspiro, mar afuera de mi ser
Me quedo…exhalando la vuelta de Odisea
y
dispuesta a ser.
Ser otra vez.
Esta futura vez,
ésta.

Comentarios

Ester de Izaguirre

Querida amiga:
Gracias por compartir conmigo la hermosa poesía de tu libro Calle Blanca. Hermoso el poema que da nombre al libro “Calle Blanca” donde el poeta y la poesía sufren el mismo dolor y se crean mutuamente. “El sonido silencioso de una lágrima ahogándose en la sangre” en el poema “Lenguaje derramado”. El tema de la muerte hace su presencia en “Errante fantasía”. “Vivo amándote” es el poema que le canta al tiempo y al amor.

Te felicito y gracias nuevamente por tus palabras

-.-.-.-.-.-

Graciela Bucci

Querida Paulita;

Dejándome llevar por este recorrido sensorial y emotivo que propone “Calle blanca”, he ido leyendo y releyendo los poemas.
Siempre me acometió la sensación de que estaba frente a una poética íntegra, vital, sensible, esencialmente movilizadora de emociones.
Hay ritmo y sonido envolvente en  versos como:

“…flotan compases y una música desprende y
acaricia…”

Bellas configuraciones simbólicas, de una marcada intimidad y una madurez que trasciende el yo poético.

Señalo estos versos que me han conmovido:

“…yo me armo, de a poquito,
Imagen por imagen, con lo esencial…”

“…una respuesta con la forma y con la voz
de un abrazo blanco…”

Siempre las imágenes reafirmando la palabra, en estos poemas que se sienten y se miran desde la interioridad.

Gracias Paula por haberme permitido el disfrute de este recorrido inolvidable por las palabras que te habitan, desde una profundidad que te caracteriza.

Cariños, Gra Bucci

Emil García Cabot

Aquí estoy al fin, contigo y con “Calle blanca”, que tantos sentimientos y sensaciones suscita a lo largo de un proceso de plasmación en el que la autora nos envuelve con sus palabras. “El ombligo de mi sombra” da la clave, o nos advierte, que se trata de poesía introspectiva, que nos conduce, precisamente, a esa calle blanca que es todo el poemario.
“Lo que queda… aire” es una sencilla y bella forma de aludir a lo inasible, a lo que queda –o podría no quedar– “si mato a mi libreto”, otro elogiable poema, y asimismo “Signo”, en la misma línea.
“Parezco”, un juego que me ha gustado mucho, quizá por el afloramiento de niña traviesa que se desprende de sus palabras. (¿El “espíritu travieso” de tu poema “Vengo de lejos”?)
“Mi sed siguió nadando”. Si le suprimieras los puntos suspensivos, tu poema adquiriría más fuerza. Hacé la prueba de leerlo sin ellos. Y esta objeción –la única que en realidad puedo hacerte, y espero sepas perdonar al maestrito que hay en mí– la hago extensiva a la mayoría de tus poemas. Este signo de la escritura, conclusión vaga de una frase, debilita la expresión, le resta contundencia, rasgo que por lo general no le sienta a la poesía, dada la brevedad de un poema.
“Fractura expuesta” es una acertadísima expresión de lo que la poesía hace de nosotros.
“Cenaba el alma/vino de rosas”. Hermoso verso de “Banquete”, muy tocante poema, que remite a “Noche marchita”, una vez leído. Ambos me gustan mucho. Y parte de su gran acierto está en lo formal (prescindiste de los que al parecer son tus entrañables amigos (…).
Muy bueno “Alguien”.
“Caras de piedra”, otro logro. Contundente poema este, tan riguroso en lo formal.
Ni qué decir que fue un gusto leerte. De veras lo disfruté. Es un poemario coherente, homogéneo, y que revela un estilo, lo que no es poco. Me pregunto si has seguido trabajando. Espero que sí. Y de haber otro libro, prometo no demorar mi opinión de simple lector ducho más que sabio.
Junto con mi gran aprecio y cariño, te envío un beso y un fuerte abrazo.
E.G.C.

Dra Gloria O Justa Martinez

El poemario Calle Blanca de María Paula Mones Ruiz nos pone en presencia de una auténtica realidad poética, ya desde su atrayente y elegante presentación, en la que cada detalle del diseño y de las grafías, nos habla de elevación de miras y nos predispone al ensueño poético.
En efecto, nubes, remolinos, nieve en senderos difusos, nos llevan a internarnos en esa “calle blanca” que recorre la poeta en el curso de su inspiración.
En su estilo de un ultraísmo depurado que no es críptico ni hermético, sino diáfano como la calle blanca, la poeta trasunta sus vivencias hasta los lindes de la filosofía pura. Y llega hasta el confín donde como escribiera Emilce Brehier, se confunden “plegaria y poesía”.
Desde la altura de las páginas la atrayente nitidez de los caracteres gráficos y sobre todo, el significado en clave de los títulos de los poemas que constituyen uno de los mejores aciertos de esta obra, prueban, una vez más, la real vocación de la poeta.

-.-.-.-.-.-

Julio Bepré

Estimada María Paula: Tu poemario está sustentado en la verdad de un existir y ese sentimiento recorre todos los textos, brindando una excelente unidad. Te felicito y deseo lo mejor para el año que se avecina.

-.-.-.-.-.-

Marizel Stonllo

Hola Paula  gracias por  tu libro Calle blanca  y por ese ser poético que se expresa bella y originalmente …ceniciendo. Un fuerte abrazo para vos

-.-.-.-.-.-

Sebastián Jorgi

Hola, Paula, te felicito por tu poemario, de índole creacionista.Me gustó todo, pero más MI SED SIGUE NADANDO, la caoticidad de VERDAD ÚNICA…Figuras como “HE VUELTO CON LA ROPA MOJADA”. Una travesía existencial de un yo que expande automáticamente la intimidad…quiero decir, frescos tus poemas, sin “elaboración” previa…felicitaciones.Y el alerta para el alma. Sebastián

Enrique Bossero

Hola Paula. He leído tu hermoso libro y aunque no soy para nada un crítico literario te hago llegar mis felicitaciones por el mismo. Es muy espiritual, confesional (valga la rima), lleno de vivencias profundas, sin vanas retóricas, donde tu pensamiento aflora con total sinceridad, cosa no común en los poetas de esta época.

Cuando uno resalta algún poema corre el riesgo que se interprete equivocadamente la no mención de los otros, pero dentro de un panorama muy parejo y equilibrado, no puedo dejar de mencionar “Juego y Duelo”, “Signo”, “Vengo de lejos”, “Cuando creí  llegar a lo profundo”, y especialmente “Caras de piedra y migajas”.

Gracias por este regalo, te mando un cariño, Enrique.

-.-.-.-.-.-

Marcos Silber

Estimada María Paula:
Tu Calle Blanca ahora nuestra, viene tapizada por una poesía sobre todo creíble.
No es poco. Se palpa la honestidad creadora que expone toda su autenticidad.
Algunos poemas impactan más que otros que de todos modos no dejaría de volver a leer.
En toda la “Calle” se oye el encanto de la palabra poética.
Muchas gracias por tu generosa entrega.
Abrazos.

-.-.-.-.-.-

Diana Poblet

Fortuna fue conocerte y conectar en la palabra, conocer la historia
de tu hijo editor y sus/tus 500 libros fue algo bello.
Me gusta conocer a la gente que leo desde sus adentros para auscultar el latido del poema; es así que olvidé decirte alquel día que tengo mis tiempos de lectura y estos tiempos son largos porque luego releo y es algo así como que tu libro me acompañó en
varios sueños y amaneceres.

Y todo esto sólo para decirte (reafirmarte) que es un libro hermoso y tu poética es tan particular y bella como lo es tu persona.
Todo para no quedar en entredicho como diría Serrat, y que te enteres que a mí las cosas no suelen pasarme como si nada.
Desde este barrio de Congreso a punto de ebullición te mando un beso y estas pocas palabras para ojalá, iluminarte una sonrisa en este incierto día de julio.

Un beso y te llevo en el alma,
d.
diana poblet

M.P.M.R.
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