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Poemas para la miopía y otras visiones

Detalle del libro

Poemas para la miopía y otras visiones

Poemas para la miopía y otras visiones

Autora: María Paula Mones Ruiz
Edición Artesanal, Taller de Libros "A mano armada", El Bolsón
60 páginas
ISBN 987-987-05-6211-5
2009
Valor: $10.00 Comprar

Presentación

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Presentacion

Palabras

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Transformar la realidad o que la realidad nos transforme?

La necesidad de transformar la realidad es recurrente al momento de sentir una no pertenencia a este tiempo y a este espacio, motivo por el cual, el instante único que nos regala el acto de crear, hace que dicha necesidad sacuda nuestro ser y demos a luz  el poema intimista.
Desde el vientre del sentir, parimos los poetas la realidad que queremos ver desde nuestra propia urgencia. Hablamos con las cosas, las cosas nos hablan, el paisaje se viste de nosotros o nosotros nos vestimos con su clima. Sobreviene en el post-parto de la creación, una sensación de ritmo cardíaco acelerada, ya que al menos durante ese instante eterno, la realidad hecha poema fue reina o cenicienta en nuestro propio palacio o  calabaza. No he contado los latidos, pero es probable que al latido doce, el poema lírico ya camine por la alfombra blanca de papel, y los ojos, caminantes del adentro, lo arropen y le pongan el nombre que calce tu zapato…
Pero también,  afortunadamente, esa sed de transformar la realidad, mágicamente saciada por nuestra lente poética, tiene su otra cara, su otro cristal, en el deseo, llamemos comprometido, de que alguna vez, se de al revés y sea la realidad quien nos transforme…
Cuando el vientre del sentir, con el hueco del ombligo hacia fuera, da a luz lo que algunos llaman poesía social, surge la pregunta: ¿escribo porque veo o porque miro?
Estos poemas, relatos y cuentos han nacido en el mismo tiempo y en el mismo espacio. De distinto lirismo, pero del mismo vientre...
No resulta fácil en la escritura poética social transformar la realidad y construir utopías que se cumplan como en el poema intimista. Pero se intenta al menos revelar, en la conciencia, imágenes en las que no hace falta imaginar el hambre, imaginar el egoísmo, la discriminación, la indiferencia, ya que dichas imágenes son las que tenemos tan cerca pero tan lejos, formando parte de nuestro tiempo y espacio. Se intenta combinar la razón con la musa, sobre la esperanza de una revelación desde el afuera hacia el adentro y mostrar lo que se mira pero no se ve… O se ve a través de la peor, y no operable miopía: la del cerebro que ciega el corazón.
Cuando madura la esperanza, convencionalmente su color es verde  y la inmadurez de un fruto también es verde y no madura, y dura. Y somos frutos…
La sangre es roja, pero si  la realidad no nos transforma, su fluir por el cuerpo es incoloro, es agua y de agua también son las lágrimas que miramos pero no vemos. El mensaje inyectado en este libro, a través de los poemas y los relatos y los cuentos, aspira a lograr una transfusión de realidad sanguínea en las conciencias, para que la miopía del cerebro no siga en aumento, haciendo incoloro y helado su fluir. Para que la indiferencia, la crueldad, la discriminación, el egoísmo, no sigan siendo las hermanastras de nuestra realidad social vista en negativo y cenicienta!

María Paula Mones Ruiz

Ernersto Goldar (manuscrito)

ERNESTO GOLDARERNESTO GOLDARERNESTO GOLDARERNESTO GOLDARERNESTO GOLDAR

Semblanza (por Roberto Romeo Di Vita)

Lo primero que se me ocurrió decir cuando finalicé de leer este  libro  de  Paula  fue, me impactó; y por consiguiente me gustó en la forma en que está escrito.
Creo encontrar las razones de esta aprobación, porque la  autora parte de una poesía intimista, coloquial y profunda; pero en este libro lo intimista entronca con lo social y no se transforman en entes antagónicos, como cotidianamente lo quieren mostrar muchos críticos de la crítica literaria.
Por el contrario, María Paula Mones Ruiz sabe descubrir con su sensibilidad a  flor de piel, las cosas  que golpean a los seres, a un ser en particular y a todos los seres.
“Más vale la pena en el rostro, que la nada en el corazón”; escribió Miguel de Cervantes Saavedra y esta reflexión le da pié a la poeta para decir  en  sus versos que ... Cuántas casas construirán los mendigos / con nuestras caras de piedra en la mirada”...
Caras de indiferencia, caras de no-compromiso, que valen una plegaria del mendigo.
Como aquella plegaria del labrador de Víctor Jara, cuyos versos de lucha revolucionaria le hicieran costar la vida.
“Apesta la ceguera”, dice esta poeta en otro trabajo; pero no la ceguera de aquel viejo ciego de Pablo Neruda, sino la ceguera de los que no quieren ver .“Ellos juegan a comer y comen nada helada, saboreando”... dicen estos versos hiper-realistas y desgarrantes. Ellos son nuestros pibes, argentinitos y sudamericanos, sudando lo trágico de los bestialmente incomprensible, el desamparo de nuestra niñez, ante los granizos del alma. Sin concesiones Paula, nos pega con su ... “La bolsita de pegamento pega”... Y está bien que así sea—escribe el  poeta  Rubén Amaya repetidamente en  su  libro dedicado a La calesita ....Nos tiene que incomodar estos poemas y quizás al  salir  de  nuestro letargo podamos hacer algo y  mirar  a  nuestros  pibes  desamparados, a nuestros  hermanos sin techo, a  esa  hambre tan  arraigado, de la cual decía  nuestro querido  Domingo José Martos, ...Ese hambre que se apresta a manducarse el mundo entero”.... creo que tiene varios disparadores este nuevo poemario de Paula, y me atrevo a afirmar que no saldremos  indiferentes  de sus contenidos. Pero sucede que aquí abajo seguimos estando jodidos Julio y nos siguen estafando (Julio Cortazar). Si pudiésemos solucionar este drama de la niñez desamparada, cuánta luz ganaríaesta causa de los libres pensadores, sin idolatrías.
Y vendrán poemas así…”LA M DE MAMÁ”; parangonando con las palabras hambre, mendigo, miseria y para lanzar el grito de estos últimos versos “¡Ya basta de corderos niños! Luego sus poemas se internan en nuevos estilos, donde la impronta de nuestro Olivierio Girondo está presente y nos sirven como nuevo disparador en lo literario de estas declaraciones.
“Me duele el aire”, otro poema desgarrante y actual, es un poema alegato contra la guerra y escribe Paula “LA GUERRA NO ME ES INDIFERENTE/ QUE ME DUELE EL AIRE, QUE ME DUELE EL AIRE”…
Imágenes de Afganistán, Irak, Pakistán, Palestina, Vietnam, Haití, nuestras Malvinas y Panamá bombardeadas siguen golpeando y nos golpean continuamente.
Es más, en estos tiempos sin tiempos donde esas imágenes computarizadas de las cadenas informativas, ,os deforman la verdad, nos muestras jueguitos de luces artificiales, rayos centellas, explosiones, pero nunca se ven los cuerpos destrozados por esos criminales bombardeos, los desgarrados cuerpos y los alaridos de los niños y las mujeres masacradas por esos superbombarderos.
Loa que mandan al norte de nuestra América sureña, saben mucho de esto ¿O no?.
Nos impactará el poema LA NAVIDAD DE ANTÍGONA…Un cuento donde se entroncan recuerdos de LA GUERRA DE MALVINAS, sus consecuencias con nuestros jóvenes, la leyenda de Antígona, el flagelo de la enfermedad del SIDA y la hipocresía de un padre, y todo esto se nos expones sin concesiones en la pluma de nuestra autora.Y luego de esto la locura…
El texto LOS OTROS Y YO… contiene un metamensaje inspirado en nuestro querido amigo poeta DON BARGIELA- a mí también me sirvió de disparador muchas veces… especialmente en esos versos que encontaremos en su excelente libro EL ESCULTOR…el escultor de la faraona, de la reina del nuevo Nilo- la esposa hermana de aquel faraón que quiso instaurar un cielo en la tierra, con su comunismo poético y de hermandad, los versos dicen así y por eso están encomillados por Paula “LA MUERTE A TODOS NOS IGUALA”…………….
Nuestro Nicolás Guillén escribió algo parecido en su poema LA SANGRE ES UN MAR INMENSO/ QUE BAÑA TODAS LAS PLAYAS……………………………
Este poemario literario finaliza con un JAQUE MATE y sólo me resta decir que, luego de leer POEMAS PARA LA MIOPÍA Y OTRAS VISIONES, nuestra MARIA PAULA MONES RUIZ, seguirá buscando respuestas para sus poemas, tal vez BLANCAS o negras o amarillas.
Seguirá escribiendo. Seguiremos leyéndola.
Gracias amigos               R       R         D
3/11/2009

Rodrigo Illescas

Pensando en lo que iba a decir esta noche, me he dado cuenta de que conociendo a la persona que María Paula es, se hace muy difícil hablar únicamente sobre su libro. Es difícil porque se empiezan a mezclar sus poemas con sus bondades, las letras con su cariño, los significados con su carácter. Es notorio cómo ha logrado eliminar de una forma admirable, ese espacio vacío e inaccesible que muchas veces se crea entre el autor y el lector. Por eso es una misión imposible, no imaginar a Paula recitando cada uno de sus versos mientras uno transita las páginas de este libro.
Todo esto se debe a que ella es tan transparente que supo llevar al papel una poética plagada de sinceridad. Esta sinceridad desde la que nos habla, se gana con mucha valentía, y más aún tratándose de un libro con un fuerte contenido social. Una mirada al mundo sumamente personal y sin concesiones y también sin miopía.
Este es un libro que personalmente estaba  esperando de ella.
En las primeras líneas María Paula escribe “La necesidad de transformar la realidad es recurrente al momento de sentir  una no pertenencia a este tiempo”. No pertenecer al tiempo en que se vive es aún más complejo que aquello de ser anacrónico. Esa no pertenencia de la que nos habla, es habitual aunque difícil de reconocer hasta en uno mismo, pero creo tambié que desde hace tiempo se está dando de forma común entre los jóvenes. Una de las razones podría ser el empeño que se ha puesto en convencernos de que el futuro ya no es nuestro, que no está en nuestras manos, que ya todo está perdido. María Paula se opone a todo esto y lo grita en cada línea.
Cada poema de este libro responde a un futuro certero, creado y elegido a conciencia. Pero no es tan sencillo como suena. Nietzsche decía que “solamente aquel que construye el futuro tiene derecho a juzgar el pasado”. Y María Paula tiene en claro el mecanismo. Este es un libro plagado de relecturas pero sin perder de vista el objetivo primordial de mirar el futuro e intentar transformarlo.
María Paula intuye y crea, vivencia y compone con una sensibilidad que se fortalece a cada palabra, a cada pregunta. Y en esto de las preguntas me quiero detener unos segundos. Ella parece conservar y resguardar  una suerte de inocencia que la capacita para preguntar sin herir, cuestionar sin lastimar. Que no se malinterprete, no hablo de una inocencia enceguecedora, hablo de un estado del alma limpio de culpa que le abre unos ojos certeros con los que mirar. Y de allí surgen las preguntas que nos descolocan y nos hacen reflexionar.
Habla también de la ceguera, una entre otras tantas elecciones estúpidas del ser humano. Una ceguera inducida, cómoda, una respuesta cobarde ante el ambiente. Detrás de este libro hay unos ojos que observan lo que nos es tan difícil de ver, se detienen en eso  y lo muestra ante los ojos indiferentes. José Saramago en el cuento “La isla desconocida”, escribe: “El filosofo del rey, cuando no tenía nada que hacer, se sentaba junto a mí, decía que todo hombre es una isla, yo, como aquello no iba conmigo, visto que soy mujer, no le daba importancia, tú qué crees,? - que es necesario salir de la isla para ver la sla, que no nos vemos, si no nos salimos de nosotros”.
Este libro es una isla que nos muestra un futuro, otro posible, pero sin dejar de mirar hacia el que nos encaminamos a ojos vendados.
Este libro, y voy a tomar prestado un título de Michel Houellebecq, es la posibilidad de una isla. Pero una isla en la que entramos todos. Ahí radica la bondad y la grandeza de María Paula y su poesía
Gracias.

Poema que me dedicó Dadiv Sorbille ¡Gracias!

Poema

“Poemas para la miopía y otras visiones”
de Maria Paula Mones Ruiz, 2009

¿La esencia de la verdad
amenaza nuestros estados de ausencia?

¿Es posible que la indiferencia
sea más insoportable que la realidad?

El viaje de ida me asalta con preguntas
y sólo sé que el libro no miente

Los poemas resumen el dolor del mundo
y cuando leo sobre la ceguera siento la ceguera
y cuando leo sobre el temor y el misterio
la injusticia y el perdón y los chicos
deambulando como estrellas ebrias
y el hombre convertido en un barco a la deriva y el egoísmo
y la sombra sin brazos de un sueño que no cesa siento que todo es así
como estar en carne viva danzando al compás de los espejos rotos
de esta humanidad que no terminamos de entender

Los poemas resumen el dolor del mundo
y las noches y los días y la flor que acaricia
los ojos húmedos de una madre
la luz y el calor del amor compartido
el hambre la memoria y el aura del padre
la fatalidad y el tricolor brillo de la vida y el silencio
los mil disfraces que cubren el disparate que habitamos
y sin embargo no pueden con la franqueza apasionada
que escribe con esas manos de mujer entrañable

Sus versos se juegan en la vibración de las palabras
por eso cuando leo entiendo el latido de un corazón
que transmite la intimidad del universo
y entonces la alegría es la alegría
y la tristeza es la tristeza
y todas las motivaciones
están desbordadas
por su belleza de alma

Ernesto Goldar
y de esto sabe mucho
lo ha dicho sinceramente:
Maria Paula canta por todos

David Antonio Sorbille
26-05-10

Poemas del libro

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Contratapa

María Paula canta por todos; es la poesía de la cosmovisión y de la circunstancia; de la intuición vivida y sentida; de la conciencia y la última respuesta; de las razones éticas y el develamiento en el mundo de la compartible experiencia de las relaciones entre la poeta y el desciframiento de toda su individualidad por el contorno social en que se halla en situación. La madurez y la franqueza apasionada la convierten, más en en voz de uno, en portavoz de muchos, al sentir que el mundo y el acrecentamiento ético que sella su escritura forman, de un modo u otro, parte del yo, y de la sociedad que la constituye, dentro de la cual se hace y es. "La m de mamá se halla/ en la primera sílaba de la palabra hambre". Vivir será entonces convivir; su palabra quiere ser auténtica de su yo íntimo y de su yo social, y de manera sustantiva quiere nombrar la idea de la contingencia, como un universo de ansiedades y una comarca dolorida que se corresponde con la desbordada ternuda y la sensible intimidad del verso.

Ernesto Goldar.

Caras de piedra y migajas

¡Cuántas casas construirían los mendigos
 con nuestras caras de piedra en la mirada!
Caras de piedra, millonarias de egoísmo,
 casas de piedra, ladrillos y ladrillos
y pilas y pilas de indiferencia rojiza, a corta distancia
de la cara fantasmal de la miseria.
El cielo es un techo muy, muy alto
 pero seguro y verdaderamente digno
de los ojos también altos y brillosos del mendigo.
Estamos ciegos bajo el mismo cielo del mendigo
 y el mendigo nos encandila y,
no lo vemos y no lo vemos, tenemos
millonarias dioptrías en la negra miopía del cerebro y,
 por si el cielo nos mira, razonamos y rezamos,
sin el alma, con falso misticismo.
El pan nuestro de cada día nos lo damos hoy
 y del mendigo nos libramos con migajas
como librándonos de un mal  q
que nos come la conciencia y nos congela las manos
sin frío,  sin temblor.
Mientras rezamos al revés,
el mendigo comparte las migajas con un gorrión amigo.
¡Y el cielo los convida con agua y comen,
beben y se aman, pájaro y  mendigo!
Un día, el mendigo dice esta plegaria:
Padre nuestro… ¿estás en los cielos o estás en la tierra?
Ellos… hacen su voluntad, pero yo, yo te busco a vos en alguna mirada.
Mi amigo se ha muerto en el nido de mis manos
Padre nuestro…
¡no me atrevo a comer, la última migaja de su ala!

La "m" de mamá

La m de mamá se halla
en la primera sílaba de la palabra ham-bre.
Y suena,  como comer y pedir pan.  ¡Probá!
El niño aprende a decir madre y madre, equivale a comida.
Pero esa mamá tiene dos hambres:
el hambre de su niño más su hambre.
El niño ha nacido de un vientre con hambre
y el niño y la madre deletrean juntos la primera sílaba
y sienten cosquillas que no causan risa!
Sienten cosquillas en la panza y se imaginan
un ejército de desocupadas hormigas
en su micromundo de laberínticas costillas,
sin cargas de miguitas, sin salida.
La “m” de mamá se halla
en la m de mendigo, en la m de miseria
 y en la m de… ¡mío!
Enseñamos a nuestros niños nutridos
que el cordero dice: ¡meeeeé!
Enseñemos también,
que el hambre del niño mendigo
es un balido parecido al del cordero
y que se escucha tan sólo mirándolo a los ojos
o poniendo la oreja encima de su panza,
debajo de su siesta, silenciosa de porqués,
sin arrorró… sin sonajeros!
La” m” de mamá que equivale a comida,
debiera estar encima
de mi ombligo, de tu ombligo y compartir
pan y trabajo, gritando al unísono:
¡Ya basta de hambre, ya basta de balidos!
¡Ya basta de cosquillas sin risa!
¡Ya basta… de corderos niños!

De telgopor y cinismo

Ellos…
aprovechan el granizo que hoy furioso está baleando
el techo de sus casas de chapa,
para inventar nuevos juegos que no están en Internet
ni se ven mirando.
Ellos…
juegan a comer y comen nada helada, saboreando
el granizo que cubre la vereda.
Ellos…
juegan a que Dios
anda haciendo pochoclo o caramelos blancos
y que la película gratuitamente, empieza.
Como creen que alguien filma desde arriba, ellos…
sonríen en su juego y miran, a los actores que se quejan
de sus autos caros y abollados…(de tanto protagonismo,
de tanta ironía, de tanta abolladura interna.)
Porque cese el granizo, la película de su vida no termina.
Ellos… los chicos de la calle, memorizan, sin libreto
e involuntariamente, del hambre, los balidos…
del frío, el helado de telgopor y cinismo.
Lamentablemente, escribo...
¿escribo porque veo, o porque miro?

La NAVIDAD DE ANTÍGONA (cuento)

“La fatalidad del hombre no pesa cada vez que el hombre hace algo, pero pesa sobre él, a menos que haga algo.”
Gilbert Keith Chesterton
(Fragmento)[……………………………………………………………………………………..]
En la casa de esta familia, ya no se exhibían retratos que recordasen un pasado feliz ni tampoco se armaba el árbol de Navidad como en otros tiempos.
Sólo era admitido el recuerdo de Daniel, como el hijo muerto en la guerra de Malvinas. Su imagen era la única expuesta en los ambientes principales de la casa. Y a diario se lustraba el frío marco de su retrato, como entibiándolo, como si por ello, aquella imagen fuese a desprenderse de él  con vida.
Nombrar a Juan Cruz,  que aún  estaba vivo, era algo que las hermanas debían evitar, ya que ello, cuando por  normal naturaleza ocurría, traía la consecuencia de un  gran daño y disgusto para el padre, quien a modo de castigo les prohibiría visitar al amado hermano.
Y llegó un tiempo en que tal prohibición había llegado a ser implacable…e “implacable” significaba, algo así como desterrar para siempre el vínculo con sus hijas, si se enterara de que éstas desobedecieran su decreto. Su decreto de… ¿prohibir amar?
Así, el cada día  de estos seres, transcurría sin la luz y el calor del amor compartido, carencia en ellos, que  teñía su sangre del color y la temperatura  de la soledad, en los hermanos y, del resentimiento y el desprecio, en el padre.                                   
Pero la verdadera oscuridad de este pobre hombre, era la de amanecer con el obsesivo e imparcial deseo expectante de viajar a Malvinas, cada 24 de Diciembre.
En la otra cara de su dolor, el horror y la vergüenza, de su hijo enfermo de SIDA, eran los fantasmas que anochecían  su conciencia,  cada despertar.

[…………………………………………………………………………………….]

 

Horas después la vida de esta familia tomaría un rumbo insospechado pero necesario y definitivo para las resultantes víctimas de una sociedad de sangre enmarcada y contaminada por la indiferencia, el olvido y la discriminación

LOS OTROS Y YO (relato)

Somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes. Ese montón de espejos rotos”
Jorge Luis Borges
(Fragmento)
[………………………………………………………………………………………]
Cuando reconstruyo el escenario cotidiano de aquel tiempo vivido, y aún cercano, recuerdo las miradas de “la bienvenida del alivio” y, a cada uno saliendo de sus puestos para decirnos: “buenos días, cómo estás”, aunque a veces no pronunciáramos palabra. Esperar la orden de entrada era mirarse a la cara, tomarse las manos, llorar o reír, mirar la pared de frente, mirar el techo, respetar el silencio y compartir un rezo, aunque ni supieras por qué parte iba el otro en el Padrenuestro. Abrían las puertas. Entrábamos como desfilando y por momentos recuerdo que el desfile humano tenía forma de cruz porque  a su vez nos cedíamos el paso o formábamos juntos una línea horizontal, por el paso apurado en algunos, el paso lento en otros. Éramos como un solo paso entre todos, rumbo a esa Unidad Coronaria que coronaba “la realidad coronaria de cada uno”.
Aunque nadie jamás pueda estar en la piel del otro, yo no podía evitar prestar unos segundos de mi tiempo y de mi cuerpo, para escuchar de los otros, la pulsación de  los silencios acostados y la pulsación de los silencios de pie…
Aquellas situaciones reconstruyo y por momentos, sin darme cuenta, confieso que todavía me queda la costumbre del rezo. Ojalá coincida con el instante en que alguien a su vez también rece y me perciba como parte del tablero. Que ya no importe la pieza presente y, reciba por el delgado hilo invisible, el gordo imán de mi aliento, la cara de la esencia…
La vida, con agridulce y justa ironía, se encarga de reponer nuevas piezas, nuevas trascendencias del sufrimiento humano, para que tu mochila a su vez, desde tus espaldas, te mire y te diga: “hoy te peso más que ayer, pero menos que mañana”.
Hoy, ayer, mañana, seguimos y seguiremos siendo parte del juego de la vida. Y deseo que mi alma no pierda  ningún abrazo de aquellos, porque entonces sí, el olvido enfriaría el aliento diciéndome y diciéndonos: “¡jaque mate!”


Htal Fernández,
Julio de 2007

Entre el cielo y la tierra, una respuesta

(Para una madre y todas las madres…)

Pienso en tus noches y tus días.
Imagino ventanas empañadas por  lágrimas ocultas
y tus ojos escribiendo en los húmedos cristales,
íntimas plegarias aladas y terrenas.
Aladas y terrenas porque buscas,
entre el cielo y la tierra, una señal de paz
que se parezca a una respuesta…
Creo, madre blanca, que la vida ha querido
que abrace tu dolor, aunque más no sea en palabras.
Decirle a tu corazón en llamas y dolido
que…”la chispa o la ceniza,
sólo Dios sabe por qué y cuándo
 es el momento de soplarlas...”
Soñé anoche que mi mano era una flor
que se abría y se cerraba.
Alguien me dictaba este poema
florecido para
¡acariciarte el alma!


Este poema fue fruto siguiente a la recuperación de mi papá, fue fruto de la experiencia que antes relaté. Esta Madre anciana en quien me inspiré, esperaba solamente la partida de su hijo… Cuando esto sucedió, le di estos versos.

Y pensé en ella, y en toda madre que atravesase por ese injusto momento de la vida.
Por eso hoy… también se lo dedico a mi mamá...
                                                                                                

María Paula Mones Ruiz
Junio de 2008


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Comentarios

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David A. Sorbille

Estimada Paula: luego de disfrutar la presentación de tu libro y mientras regresaba a mi hogar, tuve oportunidad de leerlo y descubrir un mundo conmovedor y conmocionante. Tu creación poética es de una dimensión singularisima, una cosmovisión auténtica, como diría Ernesto Goldar. Para mí, es una demostración de tu grandeza de alma, de tu forma de sentir y palpitar la realidad. Por eso, te felicito profundamente por tus poemas esenciales y cautivantes. Un abrazo y lo mejor para vos y tu familia.

Ana Galeano

Querida Paula:
Recién llegué a mi casa y estoy leyendo tu libro "POEMAS PARA LA MIOPÍA y otras visiones" primero comencé a leer la dedicatoria, a conocerlo, a tocar su textura, ver sus letras, su fecha de nacimiento, su aroma, pero en la mitad me adelanté y leí el ultimo porque me atrajo el nombre y además decía "para una madre y todas las madres"... Seguiré leyendo pero tengo apuro por decirte ¡Gracias Paula!